Coro Cervantes

Nuestro Director

ABC Cultural (18/01/2003)
Alberto González Lapuente

Espiritualidad recuperada  
Poco a poco se va haciendo la luz en el oscuro túnel en el que quedó depositada la música española del siglo XIX. No es éste el sitio para valorar su importancia, tan alabada por los más osados espeleólogos musicales; tampoco para conceder tregua a quienes creen que el olvido que ha sufrido es la mejor demostración de su insulsez. Los museos de obras maestras como la costumbre ante lo excelso llegan a embotar el placer y, aunque sólo fuera por esto, no viene mal refrescarse en otras aguas. Armémonos, por tanto, de valor y abramos los oídos a nuestro más ignoto pasado musical. Los medios están cada día más próximos pues personas como Carlos Fernández Aransay han allanado el camino tras plantearse alguna sencilla pregunta: ¿y hay música sacra española del XIX?
O Crux es el título de esta grabación (Guild/Diverdi) que toma como fundamento una obra homónima de Fernando Sor. Junto a él aparecen otras de Eslava y Nicolás Ledesma como representantes de la religiosidad musical en la primera mitad del XIX. Es un escenario que vive de la ocupación francesa, la reducción de los conventos, la supresión de las órdenes masculinas y la desamortización de Mendizábal, con la consiguiente desaparición de las capillas musicales antes del «florecimiento» del género como consecuencia del Concordato de 1851. Surgen entonces los nombres de Albéniz, Granados, Vives, Bretón, Pedrell, Barbieri, Arriaga o Monasterio para dar verdadero argumento al disco. Música sacra de compositores fundamentalmente seglares que se concluye con la Salve en el mar de la Atlántida, de Manuel de Falla, como forma de cerrar coherentemente el círculo: por algo ya Federico Sopeña, con los ojos puestos en aquella espiritualidad perdida, dijo que este fragmento era «la contribución de Falla a la música religiosa que España no tuvo».